Cómo cuidar la piel con Acné

¿Qué es el acné?

 

El acné es un problema de la piel que se presenta principalmente en el rostro, cuello, espalda y pecho. El sebo de la piel, la suciedad y las células muertas obstruyen los poros y esta obstrucción permite que las bacterias proliferen en el poro, desencadenando una respuesta inmune que resulta en lesiones de acné.

 

Las personas que padecen acné tienen algunas características en común:

 

– Su piel se desprende de las células muertas más rápido que las personas con piel no-acnéica, lo que lleva a un exceso de células muertas que pueden acumularse sobre la piel y obstruir los poros.

– Su sebo es habitualmente deficiente en ácido linoleico haciendo que el sebo sea más pegajoso y comedogénico.

– Su piel produce demasiado aceite en respuesta a los productos que resecan la piel.

– Su piel alberga varias cepas de bacterias.

– Su piel reacciona con respuestas inflamatorias que desencadenan la formación de pústulas.

– Pueden tener la barrera protectora de la piel dañada, por lo que permite la entrada de bacterias y hace que la piel sea más propensa a brotes y erupciones.

 

Las bacterias no son el único desencadenante del acné. Todos tenemos este tipo de bacterias en la piel, pero el problema surge cuando las células muertas y el sebo pegajoso quedan atrapados en los poros. Esto crea el ambiente perfecto para que las bacterias crezcan, prosperen y desencadenen respuestas inflamatorias en la piel.

 

Rutina de cuidados para el acné

 

  • Limpieza: los aceites ecológicos no refinados que cuentan con un alto contenido de ácido linoleico pueden proporcionar una limpieza suave que no altera el pH natural de la piel. Los jabones convencionales tienen fuertes agentes detergentes que alteran el manto lipídico de la piel.
  • Tónicos o hidrolatos: estos se utilizan tras la limpieza para equilibrar el pH de la piel y eliminar cualquier residuo del producto de limpieza o de suciedad. Los hidrolatos o “aguas vegetales” se crean como subproducto en el proceso de destilación de las plantas a la hora de obtener sus aceites esenciales. Esta agua tiene las mismas propiedades que los aceites esenciales pero en menor concentración, por lo que contienen ingredientes activos como los antioxidantes.
  • Sérum: los sérum poseen una formulación diseñada para una absorción profunda que permite la penetración de los principios activos de los productos. Por ello, es importante aplicar el sérum con la piel limpia y antes del producto hidratante habitual.
  • Aceites vegetales: los aceites vegetales pueden ser ideales para tratar el acné, pero la calidad y uso del aceite debe ser adecuado con el fin de no aumentar el problema. Las pieles acnéicas pueden mostrar una deficiencia de ácido linoleico, lo que hace que el sebo sea más pegajoso y favorezca la obstrucción de los poros. Los aceites vegetales están compuestos por ácidos grasos, por lo que una aplicación regular de aceites ricos en ácido linoleico puede ayudar a reducir las erupciones y brotes.
  • Hidratante: la piel necesita hidratación basada en aceite y agua para recuperar sus niveles óptimos. Debemos elegir una crema que hidrate la piel en profundidad y ayude a equilibrar la actividad de las glándulas sebáceas.
  • Tratamiento contra las marcas de acné: la mayoría de los productos para granos están formulados para secarlos. Sin embargo, esta acción de secado hace que la piel pierda elasticidad y dificulta que el acné se resuelva de forma natural con el tiempo. La piel acnéica es una piel debilitada, por lo que ingredientes como el alcohol o el talco pueden irritarlo y producir inflamación, dando lugar a brotes y erupciones. En lugar de buscar ingredientes fuertes que sequen la piel y combatan los microbios, debemos buscar productos que desinflamen la piel y la calmen. Esto puede contribuir en la mejora y la curación de la piel irritada y debilitada por el acné. Los ingredientes regeneradores también son importantes ya que aceleran el proceso de curación y previenen las marcas y cicatrices.

 

Para combatir el acné se necesitan paciencia, consistencia y hay que tener claro que no hay que trabajar contra la piel sino con ella. Con el uso de productos naturales y evitando sustancias químicas y abrasivas podremos contribuir en la curación y mejora de la piel.

 

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